
05 abril, 2025 REFLEXIÓN – ACTUALIDAD

Chiringuitos públicos o chiringuitos privados
Me gustaría partir de tres premisas. La primera es que sí que hay que defender la universidad pública, la segunda es que por desgracia sí que hay “universidades chiringuito» y la tercera es que la diversidad en este caso nos enriquece mucho y nos hace mejores a todos -y dividir público-privado es otra forma de polarizar, dicho sea de paso-. La trampa está en creerte -o en hacer creer a otros- que una universidad privada, por el mero hecho de ser privada, es ya de por sí un chiringuito. Y que la universidad pública, por el hecho de ser pública, ya es buena y nunca será un chiringuito. También a la inversa. Y por supuesto, que no es necesario ni maduro atacar lo privado para defender lo público, porque el problema suele estar dentro, pague quien pague la cuota.
Los que hemos pasado por ambas universidades sabemos que se puede ser pública y ser un gran chiringuito y privada y ofrecer bastante calidad y un gran nivel académico, sirviendo de esta forma a la sociedad. Y existen públicas y muy buenas y privadas y bastante lamentables. Las simplificaciones no suelen hacer buenos análisis. Quizás la trampa aquí se repite una y otra vez: moralizar lo público y ensuciar lo privado para así dividir la sociedad. Y es que todos sabemos que hay departamentos que pueden ser auténticas mafias en ambas universidades, que el sectarismo se puede dar a cualquier nivel, que las ideologías también pueden emponzoñar en todos los contextos y que por supuesto hay gente que se deja la vida por la defensa del bien común y de la verdad en todas las bibliotecas, insisto, tanto en las públicas como en las privadas.
Sin embargo, el reto de un buen político está en hacer convivir a todos para que todos sumen, y que los diferentes -también las universidades- aspiren siempre a lo mejor. De tal forma que ninguna institución sea un chiringuito para que todas sean cada vez mejores buscando siempre la verdad, la creación de pensamiento libre y la formación de las personas para el mejor funcionamiento de toda la sociedad. Lo contrario será clasismo, distracciones y divisiones, y nos harán gastar un tiempo que no podemos perder. Y sobre todo, ¿por qué convertirlas en rivales cuando pueden complementarse si realmente aspiran a lo mismo?
Álvaro Lobo, sj
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